julio 20, 2008

Noche


La noche no me quiere.

Es curiosa e impertinente dentro de su lógica maquiavélica.

Juega a ser una persona que a ratos quiere ser mujer y a veces quiere ser hombre.

Cambia constantemente como apuntando a la perfección del mismo ser en su más cotidiana condición.

Se desliza, se encuentra con más personas como ella, las abraza, les canta al oído, les da besos dulces y las acaricia.

Me hiere saber que por culpa de su presencia anhelo otras tantas cosas que yo no puedo tener, que tocándola los recuerdos se me vienen en flash-back y me quiero morir por instantes que se cortan y vuelven a aparecer sin razón, como en una película mal editada.

Ella es pretenciosa y me odia.

Y yo la odio, más que por eso, porque me hace recordar la desdicha de lo que me rodea en estos momentos y cómo mi tristeza debe ser la consecuencia más racional de la perfección y el orden matemático del mundo.

No hay comentarios.: